POR CORTESIA DE JUAN JEREZ
Este comentario supone mi primer acercamiento a la crítica literaria, y espero que sea el primero de muchos otros. Como no tenía mucha idea de qué hablar ni cómo, me decidí después de mucho pensar por el libro de Eduardo Mendoza <>, libro que aúna brevedad y calidad a partes iguales y que me pareció el mejor para iniciarme en estas andanzas. Espero un poco de indulgencia por tu parte, amigo lector.
Esta obra de Mendoza supone para mí uno de sus mayores logros. Pomponio es un romano del orden ecuestre que dedica su vida a la búsqueda de unas aguas milagreras que le concedan la sabiduría. Lo malo del asunto es que para conocer sus efectos hay que probarlas a la fuerza, lo que le ocasiona más de un disgusto a nuestro protagonista, como unas fuertes y olorosas flatulencias que le acompañan a lo largo de toda la novela.
Con esta búsqueda de la sabiduría de fondo, y tras unas cortas peripecias, Pomponio llega a la aldea judía de Nazaret. Allí Mendoza inicia una trama detectivesca, su género favorito, de la que su personaje se convierte en involuntario protagonista. Un carpintero del pueblo, llamado José, es acusado de asesinato y condenado a morir crucificado. Su hijo, Jesús, le encomienda al romano la tarea de demostrar su inocencia. No hace falta ser un especialista en temas teológicos para darse cuenta de que nos encontramos ante los personajes que componen la llamada Sagrada Familia, aunque con un carácter más terrenal que celestial. A lo largo de la lectura van apareciendo también otros personajes bíblicos, todos con personalidades muy marcadas y con una humanidad que no se alcanza en el libro sagrado.
La característica principal de la obra es su tremenda mordacidad y su fina ironía. Mendoza usa para conseguirlo un lenguaje intencionadamente recargado, pedante e irreal. Todos los personajes hablan como filósofos y filólogos, desde el sumo sacerdote del templo hasta el mendigo más zarrapastroso. Pero lejos de hacer la novela pesada, da pie a numerosos diálogos divertidos y situaciones pintorescas. Pero su valor no se restringe a su habilidad para entretener, pues también abundan conversaciones filosóficas y teológicas, datos históricos, la crítica a todo y a todos, personajes peculiares y un largo etcétera. Parece mentira que en un libro tan corto quepan tantas cosas (190 páginas en la edición que yo manejo).
Bueno, como he de ser breve, sólo decirte que leas este libro, que no tiene desperdicio. Pero no vendría mal que tuvieses a mano un diccionario, por si las moscas, porque aunque se entiende todo a la perfección, hay algunas palabrejas que se las traen.
Espero que os guste. Un saludo.
Esta obra de Mendoza supone para mí uno de sus mayores logros. Pomponio es un romano del orden ecuestre que dedica su vida a la búsqueda de unas aguas milagreras que le concedan la sabiduría. Lo malo del asunto es que para conocer sus efectos hay que probarlas a la fuerza, lo que le ocasiona más de un disgusto a nuestro protagonista, como unas fuertes y olorosas flatulencias que le acompañan a lo largo de toda la novela.
Con esta búsqueda de la sabiduría de fondo, y tras unas cortas peripecias, Pomponio llega a la aldea judía de Nazaret. Allí Mendoza inicia una trama detectivesca, su género favorito, de la que su personaje se convierte en involuntario protagonista. Un carpintero del pueblo, llamado José, es acusado de asesinato y condenado a morir crucificado. Su hijo, Jesús, le encomienda al romano la tarea de demostrar su inocencia. No hace falta ser un especialista en temas teológicos para darse cuenta de que nos encontramos ante los personajes que componen la llamada Sagrada Familia, aunque con un carácter más terrenal que celestial. A lo largo de la lectura van apareciendo también otros personajes bíblicos, todos con personalidades muy marcadas y con una humanidad que no se alcanza en el libro sagrado.
La característica principal de la obra es su tremenda mordacidad y su fina ironía. Mendoza usa para conseguirlo un lenguaje intencionadamente recargado, pedante e irreal. Todos los personajes hablan como filósofos y filólogos, desde el sumo sacerdote del templo hasta el mendigo más zarrapastroso. Pero lejos de hacer la novela pesada, da pie a numerosos diálogos divertidos y situaciones pintorescas. Pero su valor no se restringe a su habilidad para entretener, pues también abundan conversaciones filosóficas y teológicas, datos históricos, la crítica a todo y a todos, personajes peculiares y un largo etcétera. Parece mentira que en un libro tan corto quepan tantas cosas (190 páginas en la edición que yo manejo).
Bueno, como he de ser breve, sólo decirte que leas este libro, que no tiene desperdicio. Pero no vendría mal que tuvieses a mano un diccionario, por si las moscas, porque aunque se entiende todo a la perfección, hay algunas palabrejas que se las traen.
Espero que os guste. Un saludo.
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