TE CUENTO...
Acabo de leer un pequeño libro-cuento que me da la sensación de estar en boca de todos y en boca de nadie. Es el problema de estar lejos de amigos y familia, que ya no puedes enterarte de los libros que ellos leen, y calcular el efecto boca oreja… A lo que íbamos, la lectura en cuestión se titula: “La mecánica del corazón”, de Mathias Malzieu.
Acabo de leer un pequeño libro-cuento que me da la sensación de estar en boca de todos y en boca de nadie. Es el problema de estar lejos de amigos y familia, que ya no puedes enterarte de los libros que ellos leen, y calcular el efecto boca oreja… A lo que íbamos, la lectura en cuestión se titula: “La mecánica del corazón”, de Mathias Malzieu.
Me apetecía desde hace ya tiempo, pero como en el Bibliometro muchos habían llegado antes que yo, pues me tuve que esperar hasta la semana pasada. Se lee rápido, del tirón. Escrito en primera persona, cuenta las aventuras y sobre todo desventuras de Little Jack, un chico que al nacer sufre un grave problema cardiaco y es preciso que le coloquen un reloj de madera en el corazón para que este pueda funcionar. El problema es que ha de cumplir una serie de normas, según su “medica-madre adoptiva” Madeleine, y es que no puede tocar las agujas del mismo, no puede enfadarse ni alterarse, y lo más importante, no puede enamorarse. Evidentemente, el pobre muchachito se enamora. De una bailaora de flamenco cuando niño y de ese loco enamoramiento surge la acción del libro.
Atencion, aquí vienen spoilers, para todos aquellos que tengan ganas de leer y sorprenderse hasta el final.
La busca, sufre, se pelea con un chico de su escuela, rival en los amores de la pequeña bailaora. Finalmente, después de un enfrentamiento con su rival amoroso, en el que le revienta un ojo con las agujas de su corazón-reloj, Jack huye a España en busca de su amor, Miss Acacia. En París hace un amigo, Georges Melies, que también sufre mal de amores y decide acompañarlo en su periplo.
Atencion, aquí vienen spoilers, para todos aquellos que tengan ganas de leer y sorprenderse hasta el final.
La busca, sufre, se pelea con un chico de su escuela, rival en los amores de la pequeña bailaora. Finalmente, después de un enfrentamiento con su rival amoroso, en el que le revienta un ojo con las agujas de su corazón-reloj, Jack huye a España en busca de su amor, Miss Acacia. En París hace un amigo, Georges Melies, que también sufre mal de amores y decide acompañarlo en su periplo.
Halla Jack a su amada bailando en Granada en una feria, consigue trabajo en el Tren de la Bruja, intentando más mal que bien asustar a los pasajeros, y conquista a Miss Acacia, aun con su miedo a resultarle repulsivo por su peculiaridad cardiaca. Mantienen una tormentosa relación, marcada por las desconfianzas, celos y falta de autoestima de Jack, que cree además que no puede vivir sin su corazón de cuerda, cosa que en algún momento le reprocha ella. Además, vuelve a aparecer en escena al rival del colegio en el amor de la chica, que no la ha olvidado e intenta por todos los medios recuperarla. Finalmente, el trágico desenlace no se hace esperar: Jack se vuelve loco de celos y dudas, a pesar del amor de Acacia, e intenta deshacerse del corazón-reloj. Casi se muere y permanece en coma tres años en un hospital. Cuando despierta, descubre que no necesitaba un reloj para poder vivir, que Miss Acacia se refugió en los brazos de su rival, aun amándolo para siempre a él, y que su madre-medica Maeleine, que había muerto hacía tiempo, le hizo creer que su vida dependía de la mecánica del corazón para no perder al único hijo que había tenido jamás.
Finalmente intenta recuperar parte de su vida y a la mujer a la que ama, pero sus mentiras, miedos y arrebatos anteriores hacen que la pierda definitivamente.
Deja este cuento, que no es para niños, un regusto amargo en la boca, inquieta al lector. Sus personajes en cambio están vivos, aun cuando en ocasiones semejan seres imaginarios, puesto que no tienen nada de lineal. Al protagonista lo compadecemos, después nos parece injusto y cruel y lo volvemos a compadecer al llegar al final. Es un libro bien escrito, con un estilo cuidado y que nos deja a caballo entre la realidad y la ficción, como si la historia nos la contasen en un duerme –vela.
Os animo a echarle un ojo, pero solo si tenéis un bien día y no sufrís de mal de amores…

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